Ir al contenido principal

SIGNIFICADOS


Me preguntaste: ¿esta tristeza la escribiste tú?


Sí (te dije), lo escribí yo

ah, ta (me dijiste)

Y luego volviste. Y nos amamos de veras, O creí que nos amábamos. Eso te decía. Eso me decías. Y pensé que mi poema tal vez no reflejaba la realidad.

Y un día charlamos largo rato, y me dijiste: nos vemos mañana amor.

Y te dije: nos vemos mi amor; te amo

Y al otro día un mensaje en mi teléfono: Adios

Y creí que te habías equivocado, que habías querido decir “hola”...o “buen día amor”, como todos los días.

Pero eso fue todo. No hubo explicaciones. Solo adios.

Las palabras tienen un significado y un significante. El significante de adios es “despedida”, o “saludo”.

Para mí desde ese momento tiene nuevos significados. Es también brutalidad, desprecio, cobardía.

Al final mi poema estaba en lo cierto.

Comentarios

Entradas populares de este blog

DIGNIDAD

  Asomó la cabeza a la esquina y no vio a nadie, así que dobló y se mantuvo contra la pared avanzando muy lentamente. En el primer saguán se metió para adentro y se quedó en completo silencio. La lluvia continuaba y su impermeable ya estaba completamente inútil, necesitaba un respiro. De todas formas, su presa aún no aparecía. Tenía apenas una señas, y con eso se las debía arreglar. Se trataba de un hombre joven, tal vez de entre 30 y 50 años, morocho o castaño, no estaba muy claro. El mismo había pasado por esas etapas. Tuvo alguna vez el pelo rubio, cuando era muy pequeño, y bien lasio. Luego fue morocho y enrulado, y ahora era canoso. No le habían podido dar más señas que esas. Posiblemente llevara barba, y tal vez usara lentes. Dejó pasar cinco minutos y asomó lentamente la cabeza. Un hombre acababa de girar en la otra esquina. No podía ser otro que él. Salió y apuró el paso haciendo caso omiso a la lluvia. Al llegar a la esquina se detuvo y miró disimuladamente. El hombre es...

GERARDO

Él era más bien gordito; alto pero gordito. Y no le gustaba nada ser gordito. Hasta que un día se propuso adelgazar por el método violento: hizo una especie de huelga de hambre por una semana; solo tomaba agua. Obviamente adelgazó muchísimo, y después lo que hizo fue mostrar su enorme fuerza de voluntad para mantenerse flaco. Con el alcohol no hizo el mismo esfuerzo. Le gustaba tomar y no le preocupaba tanto como la panza. Una vez me dijo: “creo que soy alcohólico...veo una botella de ron y me produce una erección”. Porque él era así, tenía una especie de motor interno que le hacía generar cosas continuamente. No se conformaba con lo rutinario, quería hacer cosas nuevas a cada rato, extrañas, fuera de lo común. Una vez, charlábamos sentados en un murito del barrio, más precisamente en la esquina de Montero y Ellauri, y serían las tres o cuatro de la madrugada, y me dijo: - Podríamos ir a tomar un café...tengo ganas de tomar un café. - Bueno, dale, vamos, si querés vamos a casa...

LOBIZÓN

  Me comentó aquello sin que se le moviera un pelo, mientras armaba su tabaco con una parsimonia que hacía pensar en un artesano cuidando su más exquisita obra de arte. Cuando hubo terminado su tarea con un rápido lengüetazo, lo miró serio y lo encendió; luego escupió hacia un costado y me dijo: acá lo que se da mucho es el lobizón. Mi pregunta había sido sencilla: ¿y es tranquilo por aquí? Hacía poco más de un mes que me había mudado a aquella chacra y era la primera vez que me acodaba al mostrador del boliche para comenzar a conocer a los vecinos. Los demás ni me habían mirado, permanecían con sus miradas fijas en sus copas, salvo los dos que rodeaban el   billar y ni siquiera habían escuchado, ensimismados en las jugadas de una carambola reñida. El que se interesó enseguida en la charla fue un hombre levemente pelirrojo, bajo pero fornido, que se presentó como Gutiérrez, esquilador, y que preguntó a su vez: ¿usté tiene oveja? -Tengo. Solo una, es mi cortadora de...